Extranjeros en la Comunidad de Madrid 1999

 

SUMARIO

PRESENTACIÓN

INTRODUCCIÓN

PRIMERA PARTE: COMUNIDAD DE MADRID

  • Extranjeros en la Comunidad: volumen, crecimiento y distribución espacial
  • Perfil y localización de las colonias de inmigración económica
  • Distribución de la población extranjera según sexo y edad
  • Menores extranjeros: volumen, distribución y peso

SEGUNDA PARTE: MADRID CAPITAL

  • Extranjeros en Madrid capital: número y evolución
  • Distribución de los extranjeros y caracterís- ticas de los barrios de la ciudad
  • Nacionales de países ricos y nacionales de países subdesarrollados y en vías de desarrollo
  • Diversidad de orígenes en los distritos y barrios de Madrid
  • Distribución de la población extranjera según sexo y edad
  • Volumen, distribución e impacto de los menores extranjeros

CONCLUSIÓN

ANEXOS

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

Páginas 183

P R Ó L O G O

En este nuevo estudio, Gloria Lora-Tamayo nos brinda la posibilidad de conocer la evolución de la población extranjera en la Comunidad de Madrid en los tres últimos años por medio de la actualización de los datos, un amplio análisis y la valoración de los mismos, hechos con profesionalidad y con un conocimiento cercano de la realidad.

Describe de manera magistral la evolución y la distribución de la población extranjera en tres niveles de desagregación espacial que van desde los pueblos de la Comunidad hasta los distritos y barrios de la capital, recogiendo al mismo tiempo algunas variables de interés tales como la distribución por sexo y grupos de edad de la población extranjera y la localización de la población infantil. Señala también la tendencia centrífuga de la población extranjera en la Comunidad y en la capital, en la que el crecimiento más importante de los extranjeros se ha producido en los barrios obreros del sur. No cabe de duda que el conocimiento de estos datos y , sobre todo, de la distribución de las familias y de la población infantil tiene importancia por su incidencia en todos los planes de mejora social que se emprendan en cada uno de los municipios y en el conjunto de la Comunidad.

Las actualización es máxima por la inmediatez de la fecha de referencia y la fiabilidad muy alta tanto por el rigor con que se ha trabajado y se ha recabado la información, como por la fiabilidad de las fuentes, que nos ha permitido controlar directamente el 97% de la población extranjera.

Por todo ello, no podemos recibir toda esta información como un conjunto de fríos datos estadísticos, sino como una investigación que nos habla de esos hombres y mujeres, trabajadores inmigrantes, que hoy viven entre nosotros y cuya integración es un proceso gradual, para cuya consecución no bastan las leyes. Es necesaria la colaboración de todos. Se realiza en la vida de cada día: en la escalera, en el barrio, en el mercado, en la escuela, en el trabajo, en la asociación, en la pandilla, en la parroquia, en las comunidades, en los movimientos. Sólo es posible, si el inmigrante es reconocido allí donde vive, tanto en lo que se refiere a la sociedad, como en lo que se refiere a la comunidad eclesial. Y, en consecuencia, si el inmigrante es asociado a nuestro proyecto de sociedad y a la vida de la comunidad cristiana. Así, llegan a ser miembros activos en la vida económica, social, cívica, cultural y espiritual. Exige una adaptación recíproca. y, en su mismo devenir, transforma tanto a autóctonos como a inmigrantes. Implica una dinámica de continua creatividad.

Implica, por tanto, aceptar el desafío de una sociedad pluricultural y las exigencias que conllevan poner el acento en las semejanzas que aproximan entre sí a los diferentes componentes étnicos y culturales en presencia, con el fin de crear entre ellos una estrecha solidaridad; no negar las diferencias, pero tampoco permitir que nadie las absolutice ni mitifique y ofrecer a todos la posibilidad de participar plenamente en la construcción del proyecto de sociedad y de ser ciudadanos.

En este sentido, este estudio nos recuerda que abordar el fenómeno migratorio con responsabilidad y en toda su integridad exige tener en cuenta variadas perspectivas: políticas, socioeconómicas, culturales...; pero también y en primer lugar, las éticas y morales, que tienen como punto normativo y supremo de referencia: el bien, la dignidad y el respeto que se debe a toda persona humana y a su primero y fundamental entorno social: la familia.

De esta forma, se convierte en un instrumento indispensable para los responsables políticos de nuestra Comunidad Autónoma y de nuestros municipios, a la hora de definir -integrando en ellos, en equiparación con los madrileños, a los trabajadores inmigrantes y sus familias- proyectos de urbanismo y vivienda, de educación y cultura, de empleo y de formación profesional, de sanidad, de servicios sociales y de participación, etc., acabando así con todas las condiciones y actitudes discriminatorias.

Al poner en relación directa el crecimiento, la evolución y el perfil de la inmigración con las características y transformación de cada uno de los distritos, barrios y áreas urbanas, con la población autóctona y con los sectores laborales a los que se les aboca, nos revela la necesidad de prestar una especial atención a la familia inmigrante, por medio de proyectos normalizados; a la mujer inmigrante, dado el grado de feminización que la inmigración alcanza entre nosotros; a la segunda generación, por su crecimiento acelarado, su concentración en determinadas áreas y colegios que está produciendo un fenómeno de guetización con el consiguiente deterioro de la enseñanza y un alto índice de fracaso escolar de imprevisibles consecuencias, y el significativo número de menores solos; al análisis del papel que la política migratoria de contingentes ha jugado en la orientación de la inmigración hacia el sector servicios, (83%), y a las consecuencias que de ello se puedan derivar. Y, asimismo, a la necesidad de que en adelante nuestra Administración autonómica sea tenida en cuenta y pueda asumir, desde la competencia concurrente, su corresponsabilidad en la definición, desarrollo y financiación de proyectos integrales, e impulsar vías de cooperación que posibiliten una acción coordinada, que no sólo debe redundar en un política coherente e integrada del Estado, sino en una optimación de los recursos dirigidos hacia la población inmigrada.

Para nuestra Delegación no puede haber otra forma y fórmula de enfocar y de ayudar a resolver el problema de los inmigrantes que ésta que acabarnos de enunciar. Es exigencia del Evangelio en el que creemos. De ahí se derivan nuestros criterios en relación tanto con las medidas jurídicas y políticas dirigidas a la regulación de la emigración, como con los procedimientos sociales y culturales de su puesta en práctica y, muy especialmente, los principios y la inspiración de la propia y directa acción pastoral con los emigrantes.

Es una prueba más del empeño y del trabajo de los departamentos de nuestra Delegación por garantizar una presencia de calidad en el mundo de las migraciones y comprometernos, en orden a la formación de las conciencias y a una actuación coherente, en la mejora de la condición de los inmigrantes y refugiados; empeñarnos sin vacilación en ser constructores de unidad integradora, capaces de abrazar a todos, sin distinción de raza o lugar de origen. Y, consecuentemente, crear una opinión ciudadana abierta a los inmigrantes, que anime a nuestros representantes políticos en las instituciones municipales, autonómicas y estatales a ser partidarios activos de una política de inmigración orientada y guiada por el valor intangible y el bien de la persona humana, por el principio de solidaridad con los más débiles y de comprensión y de relaciones justas entre los pueblos. Es una de nuestras contribuciones a la vida pública que más puede influir en un futuro de fraternidad y de paz para la sociedad española. Para terminar, afirmar la voluntad de nuestra Delegación de permanecer en esta línea de trabajo, teniendo como punto normativo y supremo de referencia: el bien, la dignidad y el respeto que se debe a toda persona humana.

 

Antonio Martínez Rodrigo.

Madrid, 1 de noviembre 1999 Delegado Diocesano de Migraciones.